La música es invisible e intangible, depende del oído para transmitir el mensaje que el compositor quiere denotar. Por éstas características se puede concluir que la música es un tipo de lenguaje que requiere los dos ejes de percepción y expresión del mensaje.
Para muchos sólo manifiesta sonidos organizados pero es el modelo de organización propuesto por Roman Jakobson, lingüista, fonólogo y teórico literario ruso, que define a la música como expresiones que constan de receptor-mensaje, código, canal, contexto-emisor donde el mensaje puede contener gran carga de conceptos estéticos y emocionales. Con esta teoría podemos deducir que la música es un medio de comunicación con un código susceptible de ser elevado a la categoría de lenguaje como lo es, por ejemplo, el verbal. (Academia Torrente: s/f)
Cuando hablamos de “expresión” nos referimos a una forma de exteriorización de sentimientos y vivencias que la decodificación del mensaje puede desencadenar en un individuo. En este proceso se lleva a cabo una influyente carga de contexto sociocultural, es decir, el significado vivencial y los residuos memorísticos se asocian como sistemas de referencia.
Si bien, la expresión emocional no es exclusiva de la música culta, las cargas que este género conlleva resulta de años de evolución y constantes cambios tanto en el entorno del compositor como en la ideología de la audiencia, ya sea dentro del mismo del autor de las obras o hasta siglos posteriores.