Durante el paso del tiempo, múltiples cambios han transformado radicalmente los sistemas establecidos por el ser humano, la política ha tomado diferentes direcciones, así como la economía se a ajustado a las necesidades, y eventualmente el hombre ha acelerado su proceso de adaptación ideológica por medio de la tecnología y el arte.
“El arte de las musas” o música, es un término adoptado de la Antigua Grecia, donde por primera vez las secuencias armónicas tomaron un carácter estético-social. Durante el paso del tiempo, le hemos encontrado diferentes objetivos a la música, desde la religiosidad hasta el ocio, hoy en día reconocemos que todas las artes han llegado a un punto de libertad absoluta, esto como consecuencia de los movimientos sociales a los que nos hemos visto sometidos durante miles de años.
Como es de esperarse, el siglo XX fue un periodo fundamental en la historia de la cultura por la serie de rupturas que encontramos en todos los diferentes sistemas que nos regían. Asimismo, las artes sufrieron cambios muy parecidos a los que la política y los desacuerdos bélicos nos enfrentaron, la agresividad de romper cualquier tipo de esquema predispuesto fue la principal finalidad de las artes.
El anti-arte fue la crítica directa hacía lo tradicionalista y lo considerado “bello”. Irónicamente, hoy, si volteamos hacia esta revolución artística, encontramos diferentes piezas donde podemos encontrar la belleza en lo que no se supone que la contiene.
Por medio de esta investigación y análisis, quiero comprobar la veracidad de mi premisa, si conocemos el contexto tanto regional como personal de los compositores afectados por los movimientos revolucionarios en Europa del siglo XX, entonces podremos identificar diferentes rasgos folklóricos en sus obras no solamente relacionados con su tierra natal sino también con sus sueños, miedos, pasiones e ideas porque la música es un medio de expresión universal utilizado de manera controversial hasta en las corrientes más tradicionalistas.
Cabe mencionar que no es mi intención explicar las estructuras técnicas de la música académica, sino encontrar una relación entre el contexto y movimientos que transformaron a la sociedad europea con la necesidad de expresión y libertad a la que todos nosotros, como seres humanos, estamos sometidos de manera innata.
El tema desarrollado fue completamente de mi elección y preferencia. Por razones familiares, desde temprana edad he sido expuesto al mundo de las orquestas e instrumentación, haciendo cuentas, y para soportar mi conocimiento acerca del tema, he asistido a más de 40 conciertos de sinfónicas y a más de 6 temporadas de conferencias de apreciación musical incluyendo 5 años de formación académica de violín y de teoría del mismo instrumento.
Por otro lado, el siglo a elegir también es de mi interés por la cercanía que tenemos hoy en día con las consecuencias de todos los cambios llevados a cabo en este periodo.
La fusión de estos dos intereses me afortunó al sentido de nacionalismo, no solamente refiriéndose a una región sino a un perfil completo del compositor. Es necesario entender la propuesta de fusionar la afectación del contexto hacia el compositor para poder entender la postura de éste ante el cambio que su sociedad estaba viviendo. Es por esto que las mismas obras nos remiten a un sentimiento de tristeza y disconformidad o de aceptación y júbilo. También podremos encontrar ocasiones donde la desavenencia y anarquía está oculta en los pasajes de una sinfonía que nos expide emociones positivas, todo con el fin de evitar algún miedo provocado por los sistemas extremistas.
La investigación se llevó a cabo por medio de bibliografía y referencias, en su mayoría, de maestros especializados en el análisis de compositores específicos, así como de los cambios de estructuras que sus sinfonías permitieron en el tradicionalismo de un género caracterizado por lo continuista.